DISCURSO DE MARCELINO IGLESIAS, PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTONOMA, EN EL ACTO INAUGURAL EN CALANDA DEL CENTENARIO DE LUIS BUÑUEL

Señor:

Es un honor como presidente de la Comunidad Autónoma darle la bienvenida en un acto como el que hoy nos reúne. La celebración del centenario del nacimiento de Luis Buñuel, junto a Francisco de Goya, el más universal e ilustre aragonés, tiene un significado muy especial, que con su presencia alcanza la máxima dimensión con la que habíamos soñado para esta apertura.

Max Aub en su proyecto de novela sobre Buñuel escribía: “Para dar a entender lo que es el cine de Luis Buñuel, tan personal, me interesa saber quién es ese extraño ser que anda por el mundo, horripilado por las arañas. Ese extraño ateo que habla continuamente de la iglesia católica; ese amigo de las armas y no más cobarde que cualquier hombre, que huye de toda contienda aunque ésta pueda servir a sus ideas. Antes o después, se puede hacer el examen de su obra con relación a la de los demás, pero para comprenderla hay que intentar saber quién es”.

Luis Buñuel fue un aragonés de pura cepa. Nacido en este pueblo del Bajo Aragón turolense, descubrió paisajes que no le abandonarán, sensaciones del despertar a la vida amarradas firmemente a través de sus ensoñaciones fílmicas, su pasión por las ciencias naturales y su gusto por lo sencillo y auténtico.

En Zaragoza comenzó su pasión por el cine cuando se acercó a lo que entonces era una atracción de feria. En la capital aragonesa conservará amistades y familia y esa socarronería que le va a permitir resistir la insensatez humana.

De Huesca fue su mejor amigo, Pepín Bello, residente en Madrid como él, también conmilitón de Lorca y Dalí y verdadero aglutinador del complejo grupo.

Es Buñuel un artista profundamente hispano y un conocedor prodigioso de las tradiciones de nuestro país. Sus películas fascinan gracias a la potencia de las imágenes y nos emocionan por la sensibilidad iconoclasta de quien se siente heredero de Quevedo, Goya y la picaresca española. Pero también es deudor de Valle Inclán, Gómez de la Serna y Galdós.

Trasterrado en México, mantuvo una fraternal relación con los también españoles Larrea, Bergamín, Max Aub y otros que como él iniciaron un largo camino para soñar su insobornable independencia y alimentar su corazón y su mente con imágenes en libertad.

Sociedad libre para crear y también libertad creadora, que en Buñuel se deriva de una muy propia y personal concepción argumental del cine y de una arriesgada independencia laboral desde sus primeras películas.

Éstas representan una descarada crítica a la sociedad basada en una insobornable y radical propuesta de mirada de entomólogo, al querer poner en crisis el optimismo del mundo burgués y obligar al público a dudar de la perennidad del orden establecido.

Esto mismo lo afirmaba a sus 75 años y añadía que es el mismo pensamiento que le guiaba a los 27. Esta coherencia, libertad e independencia, son rasgos distintivos de su persona y se trasladan a su cine de forma natural; él mismo afirmó que había tenido que aceptar temas que él no había elegido e incluso trabajar con actores mal adaptados a sus papeles, pero nunca rodó una sola escena que fuese contraria a sus convicciones y a su moral personal.

Esta coherencia hace aún más grande al hombre y a la obra, ya que tuvo que luchar en condiciones muy adversas. En los años 40, se enfrentó a la persecución política por sus ideas en Nueva York, tras una descarada delación y al desempleo mexicano tras el fracaso de sus primeras películas.

La otra característica que le hace grande entre los grandes, y que quiero resaltar, es que Luis Buñuel fue un hombre comprometido socialmente con su tiempo. Encontró unas ideas de justicia que eran el resultado de sus críticas a la sociedad bienpensante y se comprometió con ellas, desarrollando una labor muy significativa en el campo de la cultura, hasta que el exilio le llevó fuera de su país, primero a Estados Unidos y luego a México, donde desde 1950 pudo desarrollar su vanguardismo surrealista, su compromiso social con raíces en el realismo hispano e incluso lograr una capacidad de maniobra muy significativa dentro de la industria del cine.

Es el momento del Jaibo y los olvidados, tremenda visión del mundo al que se accede a través de andrajosos compañeros que escandalizaron a un sector de la sociedad mexicana, pero que renuevan el compromiso del cineasta con los desheredados, con las miserias que ya había retratado en Las Hurdes y que son un canto desesperado por la dignidad humana.

Este compromiso también lo podemos rastrear en Nazarín, Viridiana o El fantasma de la libertad, en donde nos advierten de lo peligroso del pensamiento adocenado.

En este día en que se cumplen los 100 años del nacimiento de Buñuel, los aragoneses debemos sentirnos orgullosos de que la figura y la obra del genial cinesta calandino se haya convertido en antídoto contra tiranías, fanatismos y totalitarismos, vehículo de libertad y dignidad irrenunciables y referencia inexcusable de la historia universal de la cultura.

Gracias alteza por contribuir con su estancia entre nosotros a reafirmar la figura de este genio.


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