INTERVENCIÓN DE S.E. EL PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE ARAGÓN EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO 20 AÑOS DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA DE ARAGÓN

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades,

Señoras y señores:

Hace 20 años que vivimos en una Comunidad Autónoma llamada Aragón, creada como tal por un Estatuto de Autonomía cuya vigencia alcanza el mismo tiempo.

Nos acompañan en este acto, y deseo agradecérselo expresamente, muchos de los que han sido artífices de la recuperación de Aragón. Lo hicieron desde la Presidencia de la Comunidad Autónoma, desde el Gobierno, desde las Cortes. Todos ellos cumplieron con sus responsabilidades y su trabajo. Trabajaron con el objetivo de impulsar Aragón.

El libro que hoy presentamos: Aragón. Veinte años de Estatuto de autonomía conmemora este período de Comunidad y Estatuto. Lo hace recordando algunos de los hechos, los acontecimientos vividos y la evolución que como pueblo hemos tenido en este fragmento de nuestra historia reciente.

Aragón, por fortuna, no es el mismo de entonces. Hoy es más próspero, más libre y más justo que en 1982.

Tampoco es el mismo el Estatuto, que ha tenido la virtud de ir adaptándose progresivamente al desarrollo de nuestra Comunidad, cambiando en el momento oportuno e introduciendo nuevos elementos hasta configurar nuestro actual y básico marco jurídico autonómico.

La primera versión del Estatuto se manifestó enseguida claramente insatisfactoria, especialmente al compararla con las de nuestros vecinos catalanes, vascos, navarros y valencianos. Las dos reformas siguientes conseguirán homologarlo a los de las Comunidades de autonomía inicial amplia.

Aragón introdujo un sistema de reforma estatutaria novedoso en el conjunto del Estado. Hasta 1994 todas las reformas estatutarias en las Comunidades Autónomas de la denominada vía lenta habían sido fruto de importantes pactos de Estado entre las fuerzas políticas nacionales.

Aragón inauguró ese mismo año de 1994 una nueva modalidad: la reforma estatutaria derivada de la iniciativa y el pacto surgido en su propio Parlamento, las Cortes de Aragón. La denominada por nosotros reforma larga. Las demás Comunidades de esta vía lenta siguieron el camino iniciado en Aragón, reformando sus estatutos con esta nueva fórmula.

Nuestro Estatuto ha ido evolucionando en estos veinte años según las necesidades que ha tenido la Comunidad Autónoma. Nadie debe sorprenderse de que en un futuro siga reformándose. Es una norma viva, que deberá seguir adaptándose a las necesidades de nuestra sociedad, a la búsqueda de la máxima autonomía permitida en la Constitución y al nuevo diseño político que, sin duda, tendrá Europa en los próximos años.

El deseo de la máxima autonomía en Aragón no es un hecho casual. La autonomía es algo consustancial a nuestro pueblo. Históricamente siempre la hemos tenido. No es irrelevante que las épocas históricas en las que no la hemos tenido son los períodos en los que hemos perdido más peso en el conjunto del Estado y aquellos en los que más dificultades hemos atravesado.

Desde el autogobierno que hemos alcanzado estamos iniciando una paulatina recuperación de Aragón. Desde nuestra autonomía hemos vuelto a tener nuestra esencia y, desde ella, queremos conquistar el futuro. Somos ambiciosos para volver a un estado de normalidad después de haber pasado por una por una situación difícil, consiguiendo un espacio de oportunidades que nos coloque en el nivel que nos corresponde.

Estamos sentado las bases que se convierten en pilar fundamental para romper con los dos últimos siglos de dificultades. Aragón empieza a ser un espacio atractivo para los empresarios. Las nuevas comunicaciones e infraestructuras diseñadas van a tener un efecto fundamental para desbloquear nuestro aislamiento. Esperemos que el incremento este último año de nuestro censo, por primera vez en muchos años, sea un símbolo y buen augurio de este renacer.

El siglo XXI ha comenzado, sin duda, con un cambio muy profundo con el pasado en el que se atisba un camino de recuperación de Aragón en España y en Europa.

Es verdad que el Estatuto no es más que una norma. Pero tiene un importante significado integrador. El Estatuto integra al conjunto de los ciudadanos al cuerpo político.

El Estatuto no es sólo un texto jurídico creador de instituciones y de relaciones jurídico-políticas. Tiene una existencia social apreciable, y ese es su principal valor.

Debemos hablar de un “sentimiento estatutario”, es decir, de la difusión de una lealtad a las instituciones que establece la norma básica de la Comunidad Autónoma, del respeto a sus valores y preceptos, de la estima de la norma que regula nuestra convivencia política en Aragón.

Estamos ante una importante herramienta de convivencia. Debemos apreciar lo que hemos conseguido, entre otras cosas porque no ha sido fácil llegar hasta aquí.

Tampoco debemos resignarnos con lo alcanzado, pues queda mucho camino por recorrer. Comenzando por el traspaso material de todas las competencias que nos reconoce el actual texto Estatutario y desarrollando desde nuestras instituciones de autogobierno todas las políticas públicas que nos brindan las ya asumidas. Todo ello con un único objetivo: mejorar Aragón y la calidad de vida de los aragoneses.

Es un buen ejercicio colectivo recordar lo que ha costado fundar y estabilizar una sociedad democrática como ésta en la que vivimos. La democracia y la autonomía son sistemas, formas de organización política de los pueblos y las sociedades adultas que deben cuidarse, mimarse, alimentar día a día. Con nuestras actitudes, con nuestros comportamientos ante la resolución de los problemas que se nos presentan como pueblo.

Este libro que hoy presentamos examina, desde diversas ópticas y áreas, lo que se ha logrado en Aragón hasta llegar al nivel actual de nuestra autonomía, de nuestro autogobierno. Se recuerdan algunos de los pasos que se han dado, que hemos dado como pueblo, al tiempo que sirve para impulsar el aprendizaje y la autoconciencia de la historia vivida por los aragoneses en estos últimos veinte años.

No obstante, en la situación política en la que nos encontramos nos faltan todavía ajustes para el más adecuado funcionamiento del Estado de las autonomías, que debemos resolver. Sería de razón, pensar en incorporar alguna de las técnicas de los Estados federales para mejorar especialmente la articulación del conjunto del sistema. Nos faltan los mecanismos para las relaciones intergubernamentales, entre los Gobiernos autonómicos y el de la Nación, que sí existen en los federalismos europeos.

Una acertada reforma del Senado resolvería mucha conflictividad entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas, pues, no existe ningún foro donde sus responsables puedan encontrarse y contribuir a la definición de la política general. Muestra bien evidente de esta necesidad es la discrepancia que hemos tenido y seguimos manteniendo con el pretendido trasvase del Ebro.

Nuestra generación se enfrenta a dos grandes retos políticos: la construcción de Europa y la del Estado autonómico. Retos que deberemos saber conjugar fortaleciendo los mecanismos actuales de participación de las Comunidades Autónomas en la formación de la voluntad del Estado ante las instituciones de la Unión Europea.

No podemos pensar que ya hayamos conseguido los objetivos, sin embargo sabemos que vayamos hacia donde vayamos, iremos desde nuestra propia voluntad. Serán nuestras propias decisiones las que guíen nuestros pasos. Y acertaremos o no, pero lo haremos todos juntos y bajo nuestra exclusiva responsabilidad.

Como pueblo no tenemos especial costumbre al aplauso y a la alabanza. Sin embargo quiero, en nombre de todos, hacer un reconocimiento sincero a todos aquellos que hoy nos acompañáis en este acto y que sois responsables y protagonistas de estos años vividos.

Vuestro trabajo desinteresado y honesto nos ha ayudado a todos a avanzar, a crecer a empezar a conquistar nuestro futuro. Sin duda, con el transcurso del tiempo, la historia engrandecerá vuestra labor.

Quizá ahora lo que precisemos sea estabilidad política para poder terminar de asentar las bases de futuro que han empezado a instalarse.

Hace 20 años en Aragón conseguimos una norma básica para nuestra autonomía. Un Estatuto que con sus virtudes y carencias sirvió para ponernos en marcha y para desarrollar una Comunidad de ciudadanos.

Ahora es la ciudadanía y quienes la representan a los que les corresponde mantenerlo vivo para que a su amparo podamos seguir conviviendo y progresando juntos todos los aragoneses.

Tenemos que ser ambiciosos porque estoy convencido que el siglo XXI será de grandes oportunidades para Aragón.

Muchas gracias.


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