INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DE LA DIPUTACIÓN GENERAL DE ARAGÓN: MENSAJE DE FIN DE AÑO

31 de diciembre de 2002

Terminamos un año que sin duda ha sido importante para la Comunidad Autónoma. Un año en el que hemos festejado el XX aniversario de nuestro Estatuto, un año en el que Aragón ha recibido la transferencia de sanidad, en el que la sociedad ha mantenido la tensión firme contra el trasvase del Ebro y en el que hemos iniciado el gran proyecto de la Plataforma Logística de Zaragoza.

Pero es también un año que concluye con el inmenso desastre ecológico que se ha producido en Galicia como consecuencia del hundimiento del Prestige. Y quiero aprovechar este momento para trasladar al pueblo gallego toda la solidaridad de los aragoneses.

Hemos celebrado el XX aniversario de nuestro Estatuto de Autonomía y soy bien consciente que la lentitud del proceso autonómico en Aragón comparado con el ritmo con el que han avanzado nuestros vecinos, ha desilusionado a mucha gente. Sin embargo, las transferencias de Educación, de Sanidad y de Trabajo, gestionadas ya por Aragón en la presente legislatura, nos sitúan en un nivel similar al del resto de Comunidades Autónomas. Ahora se trata de demostrar que Aragón es capaz de gobernarse plenamente como las sociedades más avanzadas del mundo.

El año que ahora comienza es el último de una legislatura que se inició en 1999. Han sido cuatro años de intenso trabajo, que a mi entender, suponen un paso adelante muy importante para Aragón.

Hemos duplicado el volumen de nuestra autonomía, hemos mejorado nuestro sistema de financiación, hemos dado un paso definitivo en nuestra estructura comarcal y hemos iniciado proyectos que transformarán profundamente nuestra realidad: la Plataforma Logística de Zaragoza; el Parque Tecnológico de Huesca; PLATEA en Teruel o la nueva sociedad Montañas de Aragón.

En los primeros meses del año 2003 se pondrán en marcha dos proyectos largamente demandados por Aragón, en los que han trabajado en los diez últimos años gobiernos de distinto signo: el túnel internacional de Somport y el tren de alta velocidad. Dos infraestructuras que incrementarán nuestras oportunidades en un futuro inmediato.

Sin embargo, nos queda un grave problema por resolver. El Gobierno central ha planteado el trasvase del Ebro; proyecto que ha creado una gran convulsión en Aragón y un sentimiento de rechazo general que se ha manifestado permanentemente en estos dos últimos años. Como todo el mundo ya conoce, el Gobierno y las Cortes de Aragón rechazan de forma rotunda este trasvase. Quiero reiterar solemnemente mi compromiso de utilizar todos los medios de que disponemos para evitarlo.

La oposición que el conjunto de Aragón ha mantenido no ha sido estéril; hemos conseguido que dos años después de aprobarse la Ley del Plan Hidrológico Nacional, el trasvase no haya avanzado prácticamente nada. No se han realizado los estudios de impacto ambiental, no se ha encargado la redacción de los proyectos, y tampoco se han conseguido fondos de la Unión Europea para financiarlo. Por eso sigo insistiendo que si nos mantenemos firmes y unidos, estoy plenamente convencido que la posición aragonesa saldrá adelante.

Aparte de la preocupación permanente por el trasvase, quiero transmitir mi optimismo sobre el futuro de Aragón. Estamos resolviendo problemas muy importantes de infraestructura. Nuestra economía crece incluso por encima de la de nuestros vecinos. Hemos integrado alrededor de 40.000 inmigrantes y nuestra población ha empezado a crecer, además mantenemos índices de paro relativamente bajos. Por primera vez en el último siglo son más los que vienen a trabajar a Aragón que los que tienen que abandonar nuestra tierra.

Sé lo difícil que resulta en Aragón ser optimista y ambicioso, pero créanme, tenemos razones suficientes para poder serlo.

Estamos en los primeros años del siglo XXI y Aragón comienza una etapa crucial que será de grandes oportunidades. No sólo necesitamos proyectos de infraestructura, es preciso también que los aragoneses reforcemos la confianza en nosotros mismos, en nuestras posibilidades, en nuestra capacidad y en nuestros recursos.

Es imprescindible consolidar el crecimiento tanto económico como demográfico que hemos iniciado y finalmente debemos fortalecer el poder político autonómico, no sólo de cara al interior de nuestra Comunidad Autónoma, sino sobre todo para que Aragón se tenga en cuenta en el conjunto de España y de la Unión Europea. Estoy seguro que lo conseguiremos.

Feliz año 2003


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