EL CONFLICTO DEL AGUA EN ARAGÓN

Mesa redonda sobre "Prevención y solución de conflictos hídricos y la gestión integrada de los recursos". Cumbre Mundial "Agua, paz y vida". 25 de septiembre de 2003. Bolonia (Italia)

Señores presidentes de las tres regiones italianas,

Señor Ivan Cheret, miembro de la Comisión Camdessus,

Señor moderador, Señoras y Señores:

Es obligado que mis primeras palabras se dediquen a agradecer la invitación a esta importante reunión. Entiendo que se debe, fundamentalmente, a la ejemplar conducta que la Comunidad Autónoma de Aragón está realizando para impedir el trasvase del río Ebro, al que me referiré con mas detenimiento.

Igualmente debo felicitar a los autores de la iniciativa por reunir a representantes de tantas comunidades sociales y políticas, entorno a tres vocablos que, inevitablemente, deben ser conjugados juntos y con más intensidad en los comienzos de este siglo: “Agua, vida y paz”.

En Aragón estamos convencidos, al igual que todos los organismos e instituciones internacionales dedicados al agua, de la necesidad de resolver las crisis hidrológicas, en todas sus manifestaciones, como uno de los principales desafíos de la humanidad para este “tercer milenio”. A tal fin estamos atentos a las iniciativas del Consejo Mundial del Agua, al que agradecemos la oportunidad brindada este mismo año en el Tercer Foro Mundial del Agua.

Para nosotros el agua tiene toda la prioridad política, y consecuentemente, ocupa una buena parte de la agenda del Gobierno que presido. Nuestra vinculación al agua se comprende si se tiene en cuenta que el río más caudaloso de España, el Ebro, cruza Aragón de Este a Oeste, constituyéndose, junto con sus principales afluentes, en su auténtico eje vertebrador.

Aragón es una tierra con una cultura del agua que arranca de antiguo. Un ejemplo lo puede explicar muy gráficamente: el documento escrito más antiguo que nos ha llegado de los pobladores de dos milenios atrás de lo que hoy constituye Aragón, es, precisamente, la transcripción en bronce de la resolución de un pleito sobre derechos de aprovechamiento de agua.

Procede del año 87 antes de Cristo. En él no sólo comprendemos la importancia del agua en Aragón, al mismo tiempo resalta la apelación al juicio, al pleito formalizado, para solucionar los conflictos que provocan los deseos de aprovechar un bien siempre escaso.

Acudir a los Tribunales es una forma civilizada de intentar resolver los conflictos sociales. Es una enseñanza que no puede olvidarse nunca, y que tengo que resaltar, necesariamente, en un foro que incorpora a su denominación genérica la palabra paz al lado de la de agua.

El gran afán colectivo que ha movido la historia de los aragoneses, ha sido conquistar su territorio por medio de las obras hidráulicas, y disfrutar de su benéfico efecto. Muchas de ellas han sido realizadas a lo largo de los siglos, primero, con las técnicas que traen los musulmanes en el siglo VIII, después, con el desarrollo propio.

Una de las más importantes es el emblemático Canal Imperial de Aragón, concluido a finales del siglo XVIII. No obstante, ha sido el siglo XX el que ha visto en Aragón las más grandes realizaciones de embalses y canalizaciones, que han permitido poner en regadío casi 400.000 hectáreas, al mismo tiempo que el poder público se implicaba decididamente en la realización de obras, dejadas antes a los impulsos de la iniciativa privada.

Entre estas realizaciones contamos con el Sistema de Riegos probablemente más grande de la Europa Occidental, el de Riegos del Alto Aragón, con más de 120.000 hectáreas, y que hoy, todavía tiene algunas posibilidades de expansión.

Y junto a todo ello se han desarrollado entre nosotros los principios de una moderna Administración hídrica. Así, en la cuenca del Ebro se crea en 1926 el primer Organismo de Cuenca que recibe el nombre de Confederación Hidrográfica del Ebro. Son los regantes y, en general, los usuarios aragoneses, los primeros en comprender y en defender la idea de gestión del agua por cuencas hidrográficas, algo que hoy es universalmente comprendido y predicado, como lo muestra la Directiva marco comunitaria sobre aguas. Pero son todavía muy pocos países los que estructuran, en la realidad, la gestión de sus aguas sobre la base territorial de las cuencas hidrográficas.

Igualmente tiene un gran arraigo entre nosotros la autoadministración de las aguas a través de las Comunidades de Usuarios o de Regantes, lo que en Italia se llama “Consorzio di Bonifica”. Dentro de ellas, los Jurados de Aguas contribuyen a la pacificación de los hipotéticos conflictos que surjan entre los usuarios, sin perjuicio de posteriores apelaciones a los Tribunales.

Salvando las distancias, el conocido Tribunal de las Aguas de Valencia es una suerte de Jurado de Aguas de una Comunidad de Regantes, y una aportación española imprescindible para los métodos de resolución de los conflictos sobre el agua.

La distribución de las precipitaciones en nuestra región es muy desigual. Este desequilibrio es de tal envergadura que algunos años, en unos puntos de nuestra comunidad llueve hasta doce veces más que en otros, que no alcanzan los 200 milímetros anuales, cantidad considerada como límite superior de la aridez extrema.

Aun hoy, después de la realización de muy importantes obras de regulación, la densidad de habitantes por kilómetro cuadrado en Aragón es de 25, cifra minúscula si se compara con la de 83 que es la española, todavía mayor en determinadas cuencas del arco mediterráneo, las futuras zonas receptoras del agua del trasvase del Ebro.

Pese a esta irregularidad espacial y temporal, hemos conseguido disfrutar de una correcta ordenación y aprovechamiento de nuestros bien evaluados recursos hídricos.

Todos los ciudadanos disponen de agua en cantidad y calidad suficiente, están conectados a redes colectivas de evacuación, y la mayor parte de las aguas residuales, procedentes de las poblaciones y las industrias, son depuradas. Las zonas de riego están controladas a través de una buena administración, participada por los propios agricultores, y resulta imposible utilizar el agua para la agricultura sin una concesión pública. Se reconoce para más de la mitad de nuestras tierras de regadío la calificación de “regadíos ecosostenibles”.

La aprobación de la resolución 57/252 por la Asamblea General de Naciones Unidas el 20 de diciembre de 2002 nos alentaba a aprovechar el año 2003 para crear conciencia de la importancia esencial de los recursos de agua dulce para satisfacer necesidades humanas básicas, para la salud, la producción alimentaria y los ecosistemas.

Pero nosotros, y pese a formar parte de un Estado Europeo y desarrollado, nos hemos visto obligados a oponernos a un proyecto hidráulico, que perjudica nuestros intereses territoriales, y colisiona radicalmente con los principios de gestión y planificación de los recursos hídricos establecidos, unánimemente, en los foros internacionales, y amparados por las propias Naciones Unidas.

El Gobierno de España plantea en el año 2000 una Ley del Plan Hidrológico Nacional, en la que el trasvase del Ebro ocupa el núcleo fundamental.

Hacer frente a la escasez de recursos hídricos, paliando así los graves problemas de seguridad alimentaria, es un desafío para demasiados países en vías de desarrollo y desde Aragón tratamos de cooperar en la medida de nuestras posibilidades; pero no es este el contexto de la España actual.

El trasvase del río Ebro desde su Delta a todo el litoral mediterráneo español no se quiere hacer para combatir la pobreza dando acceso al agua a pueblos sin seguridad alimentaria, en cuyo caso contaría con nuestro apoyo más decidido.

Considerando el agua como una simple mercancía, se quiere hacer para incrementar el ya hoy insostenible modelo especulativo del rico y muy desarrollado litoral mediterráneo, en perjuicio del interior peninsular español.

Como respuesta a nuestra eficiente y equitativa administración hídrica, que nos aproxima a la gestión sostenible de los recursos de agua, en Aragón, nos encontramos con una respuesta por parte del gobierno de España que planifica el uso ese agua al margen de la protección, conservación y ordenación sostenibles y racionales: transportar 1.000 hectómetros cúbicos de las aguas del río Ebro a lo largo de 1.000 kilómetros.

Se prevé este transporte a las cuencas del arco mediterráneo, regiones muy densamente pobladas y de gran riqueza, con una toma en las proximidades de la desembocadura del río.

La obra tendría dos ramales, Norte y Sur, con importantes alturas manométricas acumuladas que suponen un consumo energético de casi 3 kilovatios por hora y metro cúbico trasvasado, cantidad muy aproximada a la necesaria para desalar esa misma cantidad; y una inversión estimada oficialmente en 4.000 millones de euros, pero que puede llegar a doblarse. Para ello basta con observar que el precio “medio” del agua transportada, es ya 8 céntimos de euro superior al previsto inicialmente, hace sólo tres años, y que los cálculos de mi Gobierno cifran un precio medio dos veces superior, llegando holgadamente a la cantidad de 1 euro por metro cúbico en los puntos de destino mas alejados.

Es cierto que cualquier crecimiento demográfico y la mejora en las condiciones de vida, ejercen una fuerte presión sobre los recursos hídricos.

Pero si desde las políticas sectoriales europeas planteamos que los usuarios deben tomar conciencia de la importancia del agua como recurso escaso, un Estado no puede pretender, y menos uno miembro de la Unión Europea, tomar iniciativas, como el trasvase del Ebro, radicalmente opuestas a nuestras orientaciones y prioridades respecto a la gestión del agua en los países en desarrollo.

Administrar el agua de modo responsable para asegurar un desarrollo sostenible forma parte del desafío global.

La reciente Directiva marco europea ha sancionado con claridad la inflexión respecto de las inercias tradicionales. El litoral mediterráneo español recibió aguas del río Tajo, mediante trasvase, hace treinta años, y en menor cuantía de las del Ebro, hace sólo quince.

La insostenibilidad de estas soluciones se pone de manifiesto cuando, de nuevo, se demanda agua, y en esta ocasión por un volumen de mas de 1.000 hectómetros cúbicos al año.

Cada vez que un occidental tira de la cadena gasta la cantidad de agua con la que vive al día una familia de cuatro miembros en Etiopía.

Esto debe hacernos reflexionar. Para resolver muchos problemas de asignación y aprovechamiento de las aguas se requiere una voluntad colectiva de renuncia a los beneficios personales, en aras del bien social.

Créanme si les digo que las previsiones del Plan Hidrológico Nacional, en su contenido fundamental, es decir el trasvase del Ebro, es, sin duda, la política de aguas de un país desarrollado más alejada de todos y cada uno de los postulados y principios por ustedes defendidos.

Este poco racional proyecto, ha provocado que la sociedad aragonesa se movilice en su contra inmediatamente y con completa espontaneidad. En el año 2.000 tiene lugar una manifestación masiva en Zaragoza, capital de nuestra Comunidad Autónoma, que reúne a más de un tercio de la población total de Aragón. Una de cada tres personas está en la calle oponiéndose al trasvase del Ebro.

Esta no fue sino la primera de otras muchas manifestaciones, que han llevado a cientos de miles de aragoneses y a ciudadanos de otras Comunidades vecinas a manifestarse en Madrid, Barcelona y Bruselas.

Un gobierno no puede estar separado de la ciudadanía. Hemos caminado siempre a su lado sintiéndonos arropados en nuestras actuaciones por el calor popular y ejerciendo, en lógica correspondencia a ese impulso, todo tipo de actuaciones.

Se han llevado a cabo múltiples estudios técnicos, económicos y jurídicos para poner de manifiesto las inconsistencias e incongruencias del trasvase previsto, y los hemos presentado en foros internacionales.

Además, han servido para presentar recursos ante el Tribunal Constitucional y los Tribunales ordinarios en España, y formular denuncias ante la Comisión Europea, por considerar diversas actuaciones contrarias al derecho comunitario.

El Gobierno de Aragón ha sido absolutamente transparente en sus actuaciones, poniendo inmediatamente a disposición de la ciudadanía y del conjunto de la comunidad científica mundial, toda la información disponible según la iba obteniendo.

Es este un hecho que hay que resaltar: la necesidad de absoluta claridad y trasparencia en cualquier cuestión que se refiera al cuidado medioambiental, debiendo preservar los poderes públicos el derecho de todos los ciudadanos a acceder a la documentación necesaria.

Nuestra oposición ha ido acompañada siempre de las mejores razones técnicas. No se trata, por tanto, de una oposición irracional o voluntaria. Nos ha preocupado dar las mejores razones posibles, aunque la base de la misma es, evidentemente, política: nos oponemos a que se lleve agua de la España menos desarrollada y menos poblada, a la más desarrollada económicamente y más poblada.

Nos oponemos porque ello es muestra de un desarrollo insostenible y supone un completo desequilibrio territorial.

Pero nos ha preocupado, al mismo tiempo que la oposición al trasvase, la formulación de alternativas para la solución de los problemas del agua en España. Fundamentalmente, hemos insistido en el valor de la desalación.

Hoy en día, el avance científico y técnico logra volúmenes muy importantes de agua desalada a un precio completamente competitivo. Los estudios que hemos realizado y las experiencias que hemos podido observar en ciertos lugares, como el plan de desalación en Israel, o el último contrato de desalación en Singapur, nos permiten concluir que es posible obtener agua desalada a unos 40 céntimos de euro el metro cúbico, precio realmente ventajoso respecto al de 1 euro que puede alcanzar el agua transportada a mayor distancia con este Trasvase.

También debemos resaltar el despropósito medioambiental que, desde el punto de vista energético, supone el transporte del agua, pues para ello es preciso el funcionamiento, durante seis meses cada año, de una central nuclear del tipo de las que existen en España.

Hemos insistido continuamente en los aspectos ambientales del proyecto, y en el profundo significado que tiene que no se ponga orden, por la Administración española, en la nada racional y planificada utilización del agua en ciertos puntos de las cuencas receptoras y, sin embargo, se demande agua de otras cuencas.

Reconozco el acceso al agua como un derecho humano y social básico, lo que creo me aleja de posiciones políticas egoístas.

La escasez mundial de recursos de agua dulce, su destrucción gradual y su creciente contaminación, nos obliga a proteger las cuencas fluviales del agotamiento, supuesto fácilmente demostrable en el caso de la del río Ebro, a la que pertenecemos.

Y aún más cuando es evidente la disponibilidad de agua salada en todas las regiones destinatarias del trasvase.

Me gustaría aquí, en este foro donde se habla de agua y Paz, insistir en que la nuestra no es una oposición insolidaria o irracional. Está fundamentada en la necesidad de una nueva cultura del agua, que insista en los aspectos de conservación y de prevención, y comienza ya a ser un punto de referencia mundial.

Todo ello porque, entre otras cosas, estamos inmersos en un cambio climático cada día más evidente.

Por ello, la actitud de nuestra Comunidad está en perfecta congruencia con los propósitos de la organización “Green Cross International” que auspicia la celebración de este coloquio.

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente y el desarrollo, se introdujo que la escasez generalizada de recursos de agua dulce, su destrucción gradual y su creciente contaminación, así como la implantación de actividades incompatibles en muchas de las regiones del mundo, exigen una planificación y una ordenación integradas de los bienes hidráulicos.

Nuestro compromiso con la planificación y con las directrices para la equitativa, eficaz y sostenible ordenación de los escasos recursos de agua dulce disponibles es muy firme.

La misma firmeza con la que nos estamos oponiendo a un proyecto que contraviene los principios y postulados de la política del agua sustentada hoy en día por todos los organismos europeos e internacionales.

Espero que el carácter conciliador y solidario de nuestra oposición a este trasvase, sirva como ejemplo y ayuda a cuantos hombres de buena voluntad desean las mejores soluciones para un uso y una gestión eficaz y racional del agua en el mundo.

Muchas gracias.


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