INTERVENCIÓN DE S.E. EL PRESIDENTE DE LA DIPUTACIÓN GENERAL DE ARAGÓN EN EL MENSAJE DE FIN DE AÑO 2003

Al terminar el año me dirijo a todos ustedes para transmitirles los mejores deseos para el año 2004.

En primer lugar, quiero manifestar la condena más rotunda de los sabotajes que se han producido en nuestra tierra en plenas fiestas de Navidad.

En segundo término, me gustaría mostrar mi agradecimiento a todos los ciudadanos por la confianza que han depositado nuevamente, en las últimas elecciones autonómicas, en el Gobierno de la Comunidad.

El año 2003 hemos celebrado el 25 aniversario de la Constitución Española. Una celebración muy especial de nuestra convivencia. La celebración del éxito de la democracia y de la libertad. Veinticinco años en los que hemos puesto en funcionamiento las Comunidades Autónomas; veinticinco años que nos han permitido asentar la democracia, modernizar el país e integrarnos plenamente en Europa.

Me parece oportuno recordar hoy a los hombres y mujeres que han hecho posible este logro de nuestra convivencia. Y no sólo a quienes redactaron la Constitución, sino también a todos aquellos que desde la política democrática han desarrollado los principios constitucionales en los gobiernos de la nación, en los ayuntamientos y otras entidades locales y en los gobiernos autonómicos. Porque la Constitución no es un extraño milagro, es la obra de esos hombres y mujeres que desde las instituciones democráticas y con la herramienta de la política han permitido construir el edificio social que hoy disfrutamos.

Pero también quiero hablar de Aragón. Los aragoneses han considerado importante asegurar una etapa de estabilidad política en la Comunidad. Estabilidad que debe servir para profundizar en los proyectos iniciados, para consolidar nuestra autonomía y para que Aragón sea más reconocido y respetado. La confianza de los aragoneses me obliga a una gran responsabilidad y a renovar el compromiso absoluto con nuestro futuro colectivo.

Estoy convencido de que estamos en una etapa de grandes oportunidades para nuestra comunidad y hemos de ser capaces de aprovecharlas a fondo.

La llegada de la alta velocidad, las nuevas empresas que se instalan en nuestra tierra y, muy especialmente, que nuestra economía crezca desde hace tiempo por encima de la de nuestros vecinos, con el importante incremento de población que comporta, hace que tengamos razones para mirar el futuro con optimismo.

Aragón ha dejado de ser una tierra de emigración y ahora ya son muchas más las personas que vienen a trabajar con nosotros; hasta el punto de que nuestro reto más inmediato es consolidar esta tendencia para incrementar notablemente nuestra población en las primeras décadas del siglo XXI.

No hago este balance por motivos de autocomplacencia, sino porque considero imprescindible recuperar definitivamente la confianza en nosotros mismos y en nuestras posibilidades. Es habitual que los aragoneses caigamos en la desmoralización y el derrotismo, pero vivimos un momento en el que se dan las condiciones para que Aragón dé un gran salto hacia el futuro y, desde aquí, quiero trasladar un mensaje de confianza y optimismo. Porque ser crítico no es sinónimo de ser pesimista.

Vamos a empezar un nuevo año, y quiero pensar que el 2004 puede ser el año en que definitivamente desaparezca la amenaza del trasvase del Ebro. Desde nuestro Gobierno, y con el apoyo de toda la sociedad aragonesa, utilizaremos todos los medios a nuestro alcance, aquí y en Europa, para lograrlo. Pero el futuro no sólo es resolver bien el problema del agua, es necesario también acertar en las políticas, en los proyectos y en las prioridades, y esa es una gran responsabilidad de mi Gobierno.

El 2004 espero que lo recordemos en el futuro como el año en el que Zaragoza ganó la Exposición Internacional del 2008 y comenzó a convertirse en una de las mejores ciudades europeas. Un año en el que debemos perseverar en Europa para que las comunicaciones por el Pirineo den pasos definitivos; un año en el que consolidemos la vocación logística de Aragón con PLA-ZA y los proyectos de Huesca, Teruel o Fraga; un año, en definitiva, para ganar el liderazgo nacional en el turismo de montaña y seguir avanzando en el necesario reequilibrio territorial.

El año que ahora comienza representa una oportunidad para todos, en un momento en el que Aragón avanza. No sólo hay proyectos, sino que existen realidades palpables que nos deben animar e ilusionar. Pero nadie debe creer que el futuro es una tarea exclusiva de los gobiernos; para crecer y avanzar es necesario el compromiso de todos con Aragón: de los trabajadores y los sindicatos, de los empresarios y los medios de comunicación. Todos somos necesarios para que el conjunto de la sociedad avance.

Feliz año a todos.


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