Juan Vicencio Lastanosa

(1607-1684)

Juan Vicencio Lastanosa vivió en Huesca, su ciudad natal, en el Coso, en el lugar que hoy ocupan los números cuarenta y cuarenta y uno de esa calle, frente a los jesuitas. En su casa alzó un refugio a la belleza y al saber, y lo llenó de hermosos y curiosos objetos, obras de arte, armas de las antiguas lides de sus antepasados honrados por reyes, y una notabilísima colección de monedas griegas y romanas que le dió para siempre fama de experto numismático. Construyó jardines exquisitos donde cultivaba especies extrañas, dignas de aplicado botánico, en medio de estatuas paganas, estanques y canalillos, y junto a ellos fundó también un museo de ciencias naturales, donde guardó y clasificó fósiles del Pirineo y del Moncayo, y piedras preciosas de tierras exóticas.

Capilla de Lastanosa (Catedral de Huesca)(*)

Aun con ser todo ello excelente, lo mejor de todo era la biblioteca de Lastanosa, donde alternaban las matemáticas, la astronomía, la literatura, la botánica, la historia, etc, y a la que sus amigos acudían con devoción de incansables y exigentes lectores, también por la conversación y la animada compañía: Uztarroz, Francisco Ximénex de Urrea, fray Jerónimo de San José, Ana Abarca de Bolea, Gracián, y tantos otros. Generoso en lo intelectual y en lo material, fue mecenas y editor de algunos, además de crítico paciente. En la tertulia de Lastanosa todo cabía, desde el culto propósito literario o el último hallazgo arqueológico, a las cosas de la actualidad. Gracián dejó en El Discreto magnífico testimonio de todo ello.

En medio de la incertidumbre del Barroco, Lastanosa aspiró al frágil equilibrio del hombre del Renacimiento. Casó con la sevillana Catalina Gastón y Guzmán, que murió tras diecinueve años de matrimonio y catorce alumbramientos. Fue señor de Figueruelas y gentilhombre de la casa del rey. Ciudadano notable, pusó gran celo en el desempeño de sus funciones como regidor del Hospital y lugarteniente de Justicia. Y cuando hicieron falta sus servicios durante la guerra de Cataluña combatió en el sitio de Monzón al mando de las tropas reclutadas en Huesca. Finalmente cumplió como hombre religioso, amante del arte e intelectual devoto de la Fama, y mandó edificar en la catedral oscense una capilla bajo la advocaciòn de San Orencio y Santa Paciencia, los padres de San Lorenzo, que desde entonces fue el panteón familiar.

Lastanosa fue un hombre cultísimo a fuerza de ser curioso, tenaz y emprendedor. En cuanto a las obras salidas de su mano, destacan aquellas dedicadas a su pasión por la numismática: Museo de las medallas desconocidas españolas (1645, Huesca), Tratado de la moneda jaquesa y de otras de oro y plata del Reino de Aragón (1681, Huesca). También fue traductor (vertió al español los Elementos Químicos de Jean Béguin) y se esmeró al escribir diversas dedicatorias y prólogos a las obras de su gran amigo Gracián, a quien llegó a prestar su nombre para eludir los problemas de censura.

(*) Capilla de la familia Lastanosa (Catedral de Huesca) © MIguel Angel Latorre para Gabinete de Comunicación del Gobierno de Aragón

Fuentes:Gran Enciclopedia Aragonesa. Voz Lastanosa y Baraiz de Vera, Vicencio Juan de. Tomo VIII. 1981 / Alvar López, Manuel (director): Literatura.Enciclopedia Temática Aragonesa. Ediciones Moncayo. 1988.


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