Raquel Meller

(1888-1962)

En el viejo barrio del Cinto, en Tarazona, el 9 de marzo de 1888, nació Francisca Marqués López: Raquel Meller. Junto a sus padres, modestos comerciantes, estuvo muy pocos años. Acuaciados por la precariedad económica la familia marchó primero a Tudela y luego, ya sin Francisca, a Barcelona. La niña quedó al cuidado de una hermana de su madre, monja en el convento de Santa Clara en Montepellier y más tarde en Gerona. Pero la contemplativa vida monacal no era del gusto de Francisca, quien volvió a reunirse con su familia en el Pueblo Seco de Barcelona, tan cerca del Paralelo.

La endeble posición familiar obligó a Paquita a encontrar trabajo en un taller de confección femenina, de la calle de la Tapinería, frecuentado por canzonetistas y vedettes de la época. Allí la vió y la oyó la entonces célebre en el Paralelo Marta Oliver, bajo cuya protección debutó en el pequeño salón La Gran Peña, en febrero de 1908 con el nombre de La Bella Raquel. Durante este mismo año recorre varios locales de Barcelona, Valencia, Sevilla, Cartegena y Madrid, cada vez con mayor éxito. Cambió su nombre, que fue ya para siempre el de Raquel Meller, al parecer en recuerdo de un fugaz amor alemán.

Retrato de Raquel Meller (*)

Raquel comienza su carrera en plena moda de la sicalipsis, que incluía un componente de provocación erótica que ella abandonó luego por el melodrama, la languidez, la espiritualidad y la delicadeza. Ella y su rival más directa, La Goya, se disputan el mérito de haber ensanchando el género para hacerlo apto a públicos mayoritarios. También fue musa para los intelectuales novecentistas -Alvárez Quintero, Manuel Machado, Galdós, Benavente, Eduardo Marquina, Angel Guimerá, etc-, como ha visto muy bien Vázque Montalbán: la convirtieron en musa de lo popular, porque ella estaba en la frontera entre lo aristrocrático y lo plebeyo.

El 16 de septiembre de 1911 debuta en el Teatro Arnau de Barcelona, donde su nombre fue anunciado en la fachada con dos hileras de bombillas, como el de una indiscutible estrella del espectáculo. El Teatro Arnau seguía llenándose en 1912, y se cuenta que en una función del Liceo en beneficio de la Asociación de la Prensa llego Raquel Meller a convocar a más de cuatro mil espectadores. En esta época, y de la mano del erudito de la tonadilla Fernando Periquet que la pone en contacto con Enrique Granados, Raquel incopora el género a su repertorio, destacando dos composiciones que irían con ella siempre: El Relicario y La Violetera.

En 1917, cuando trabajaba en el Trianon Palace de Madrid conoce al diplomático y escritor guatemalteco, Enrique Gómez Carrillo. Con él se casó el 7 de septiembre de 1919 en Biarritz. Días antes, Raquel Meller había debutado en Olympia de París, y no quiso que su nombre figurara en los carteles, para que no se dijera que había utilizado la influencia de su marido, muy famoso en la ciudad luminosa sobre todo después de su anterior romance con Mata Hari. El matrimonio se rompió en febrero de 1922 y en 1927 murió Gómez Carrillo. Raquel no fue a su entierro. Entre las causas de la ruptura de la pareja había estado la volubilidad del carácter y los desplantes de la Meller, a quien el propio rey Alfonso XIII dijo en una ocasión: "Cuando te sale la maña eres imposible". Los años de su matrimonio con Gómez Carrillo coinciden con los de sus primeros y apoteósicos éxitos internacionales en Europa y América, donde recorrió Argentina, Uruguay y Chile.

Raquel Meller fue también una muy cotizada actriz de cine, medio para el que trabaja por primera vez en 1919 con la película Los arlequines de seda y oro. La buenísima acogida de que disfruta la película y sus triunfos en París, al mismo tiempo, la introducen en el cine de producción francesa: Rosa de Flandes (1922), Violetas Imperiales -uno de sus más famosos filmes- (1923), La tierra prometida . Otras películas rodadas por Raquel fueron Ronda de noche (1925), Carmen (1926) -otro de sus grandes éxitos-, La Venenosa (1928), Nocturno (1927). Ya para el cine sonoro rodó la versión de Violetas Imperiales en 1932 y comenzó en 1936 la película Lola Triana, interrumpida por la Guerra Civil.

Entre 1921 y 1925 alterna su quehacer cinematográfico con las presentaciones en teatros de Madrid y París principalmente. En 1926 marcha a Estados Unidos: recorre Nueva York, Filadelfia, Chicago, Boston, Los Angeles, Baltimore y regresa a Madrid en febrero de 1927. A partir de entonces y sobre todo ya en los años treinta París se convierte en uno de sus escenarios fijos y de hecho reside casi permanentemente en Francia. En París su popularidad alcanzó a la de Sarah Bernhardt, Mistinguette, Eleanora Duse, Isadora Duncan o Josephine Baker.

La Guerra Civil la soprende en su casa de Villefranche, y desde Francia marcha a Argentina en 1937. Allí permanece actuando hasta 1939.Tras la Guerra Civil regresa a Barcelona y contrae de nuevo matrimonio con Demon Sayac, empresario francés a quien había conocido en Niza. Con él estuvo casada cuatro años. En Barcelona vivió ya hasta su muerte, bastante sola, pero no arruinada como se ha dicho muchas veces. Había adoptado dos hijos, Agustina (o Elena según otros) Gómez Carrillo y Jordi Enric Sayac. Pero con ninguno mantuvo una relación afectuosa ni estrecha.

Los años de esplendor habían terminado. Ya en la segunda mitad de la década de los treinta podía notarse el cambio de sensibilidad del público respecto al espectáculo: se impone el imperio del cine parlante, las orquestas de baile, la gran comedia americana. No obstante Raquel Meller reaparece en Barcelona en 1946 con la Compañía Vienesa de Revistas dirigida por Arthur Kaps y Franz Joham.Se sabe que todavía a finales de los años cincuenta hizo alguna esporádica actuación, resistiéndose temperamentalmete al olvido y arremetiendo orgullosamente contra sus seguidoras, ya fueran Lilián de Celis o Sara Montiel.

En abril de 1962 cae gravamente enferma e ingresa en el Hospital de la Cruz Roja. Muere el 26 de julio. Durante sus últimos días se recibían más de doscientas cincuenta llamadas diarias en el hospital, y mucho años después alguién seguía depositando un ramo de violetas en su tumba.

(*) Fotografía perteneciente al libro "Raquel Meller y su tiempo" abajo citado.

Fuentes:Barreiro, Javier: Raquel Meller y su tiempo. Colección "Los Aragoneses". Diputación General de Aragón. 1992./ Castro, Antón y Cano, José Luis : Aragoneses Ilustres, ilustrados e iluminados.Diputación General de Aragón. 1993./ Gran Enciclopedia Aragonesa. Voz Meller, Raquel. Tomo VIII. 1981 /


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