(1328-1423)

De ilustre y noble familia, Pedro de Luna fue el segundo hijo de Juan Martínez II de Luna y María Pérez de Gotor. Nació en el castillo familiar de su madre en Illueca (Zaragoza), hacia 1328. Su linaje emparentaba con los muy insignes de los Alagón, Moncada y Rocabertí, Zapatas, Calatayudes, Veras y Sayas.

De acuerdo con la costumbre y la tradición, el segundón de los Luna y Pérez de Gotor hubo de encaminar su vida hacia los estudios y la carrera eclesiástica: con nueve años recibió la tonsura.


Castillo de Illueca (*)

El patrimonio familiar le permite realizar estudios en la afamada universidad de Montpellier, donde con veinte años se doctora en leyes y después en decretos. En esta universidad fue varios cursos profesor, alcanzando en ello notable fama. Durante sus años de estancia en Montpellier comienza además su carrera eclesiástica al recibir las órdenes menores.

Regresado a tierras de la Corona de Aragón ocupa numerosos beneficios eclesiásticos -arcediano de Valencia, canónigo de Vich, de Tarragona y de Huesca, canonigo en Mallorca, etc, etc-. Hasta que el 20 de diciembre de 1375, el pontífice Gregorio XI, accediendo al deseo de Pedro IV de Aragón, que buscaba recuperar influencia en la curia pontificia, nombra a Pedro de Luna cardenal, adscribiéndole a la basilica de Santa María en Cosmedín.Parte el nuevo cardenal a Aviñón, donde desde 1309 reside el papado, y que Clemente VI había convertido en estado pontificio. Sin embargo, en enero de 1378, Gregorio XI decide el regreso a Roma. Poco depués muere el Papa. Su sucesión iba a ser compleja y muy discutida, provocando el Cisma de Occidente tras la elección consecutiva de dos papas: Urbano VI que residirá en Roma y Clemente VII que lo hará en Aviñón. La mayoría de la curia huyó de Roma para unirse a Clemente VII.

En la obediencia éste último, el cardenal Luna desempeñó muy importantes legacías, primero en los reinos de la península ibérica y luego en Francia, Inglaterra y Flandes, con el objetivo de conseguir la adhesión al papado de Avinón. El éxito coronó su empresa en Castilla, Aragón y Navarra, aunque no en el resto de territorios. Por ello, tras la muerte de Urbano VI y la elección en Roma de Bonifacio IX, Pedro de Luna intentó la conciliación mediante la renuncia de ambos papas y el nombramiento de un nuevo. Ello le acarreó el distanciamiento de Clemente VII y su retirada a Reus. Tuvo que regresar al poco de haber llegado, debido al fallecimiento del papa Clemente.

El 22 de septiembre de 1394, todos los cardenales de Aviñón se concordaron por vía de escrutinio y eligieron al cardenal de Aragón como sumo pontifice, con el nombre de Benedicto XIII.


El nuevo Papa que había firmado un compromiso para conseguir la unidad de la Iglesia, era sólo diacono. Por ello fue rápidamente ordenado sacerdote el 3 de octubre de 1394, y consagrado obispo y coronado sumo pontífice en la catedral de Aviñón el día 11 de octubre. Casi inmediatamente se reúne una gran asamblea de eclesiásticos en París para examinar las vías de solución del Cisma una vez más. La decisión tomada es la de proponer la abdicación de ambos papas.


Retrato del Papa Luna (*)

Francia será la principal impulsora de esta solución, a la que se unen Inglaterra y Castilla, mientras Aragón permanece obediente a Benedicto XIII, cuyas convicciones han ido cambiando y que ahora se aferra a la idea de haber recibido un especial poder de parte de Dios que debe defender. En torno al Papa Luna se va creando un claro vacío de opinión, hasta que en julio de 1397, primero Castilla y luego Francia retirán su obediencia a Aviñón. Amenzados con la confiscación de bienes, 18 cardenales abandonan Aviñon. Quedaron sólo 6 cardenales fieles a Benedicto XIII.

Aviñón es cercado y sometido a duras penalidades, y finalmente el Papa Luna consiente en licenciar a sus tropas y se compromete a permanecer en el castillo de Aviñón, donde en realidad estará preso cuatro años hasta que es liberado. Entonces se produce una reacción a favor de Benedicto XIII y sólo Aragón felicita al Papa, sino que Castilla e incluso Francia tornan a su obediencia.

Entretanto mejoraba la posición de Benedicto XIII, muere Bonifacio IX en 1403 y en Roma nombran un nuevo papa, Inocencio VII, que fallece en 1406. Su sucesor, Gregorio XII, parece estar más dispuesto a la conciliación. Aunque al final ni éste ni Benedicto XIII consiguen ni siquiera verse para llegar a un acuerdo. El abandono por parte de Francia de las filas de Aviñón provoca la celebración los concilios de Perpiñan y Pisa, reunidos por cada una de las partes.El primero no apoya con decisión al Papa Luna, y el segundo dicta sentencia contra ambos en 1409 declarando la sede pontificia vacante y nombrando a un nuevo papa: Alejandro V. Este fallece enseguida y le sucede Juan XXIII. Pero Benedicto XIII se niega a reconocer al tercer papa.

La situación vuelve a estancarse, mientras Pedro de Luna permanece en tierras de la Corona de Aragón. En 1410 muere sin sucesión Martín I de Aragón y Benedicto XIII va a ser pieza importante en la decisión de los compromisarios de Caspe, que en 1412 nombran nuevo rey a Fernando de Antequera, proclive a la causa de Aviñon. El primer gesto de Fernando I fue ir a Tortosa a postrarse a los pies del Papa Luna que asistió a la ceremonia de coronación en La Seo de Zaragoza.

En 1413 el papa Juan XXIII y el nuevo emperador Segismundo convienen en celebrar un Concilio General en Constanza, que se inicia el 1 de enero de 1415. El concilio consigue la renuncia de Juan XXIII y de Gregorio XII, pero Benedicto XIII se niega a abdicar sino se cumplen una serie de condiciones que él basaba en el argumento de que él mismo era el único cardenal que quedaba de los elegidos antes de que se produjese el Cisma, y por tanto el único realmente legítimo. Se acuerda entonces en Constanza resolver el cisma sin el concurso de Benedicto XIII, que se había refugiado en Peñíscola. Ni siquiera Fernando I de Aragón le apoyará. Y por fin el concilio de Constanza resuelve sentencia contra él y el 26 de julio de 1417 le depone como papa.

Aíslado en el castillo de Peñíscola permanecerá el Papa Luna fiel a sus convicciones y cada vez más solo, sin que ninguno de los intentos realizados - unos más aviesos que otros- por parte de los legados del nuevo papa romano, MartínV, y de los príncipes cristianos abran mella en el ánimo del depuesto pontifice. Pedro de Luna muere creyéndose el legítimo ocupante del solio pontifical el 23 de noviembre de 1422. Su muerte sin embargo no se hizo publica hasta mucho después, cuando los cardenales que él había nombrado se hubieron repartido el tesoro pontificio. Su cadáver fue enterrado en un salón principal del castillo de Peñíscola, desde donde su sobrino Juan de Lanuza lo trasladó a la casa familiar de Illueca, donde permaneció hasta la Guerra de Sucesión del siglo XVIII.

(*) © Dibujos extraídos del libro abajo citado. Fotografías: Miguel Angel Latorre para Gabinete de Comunicación del Gobierno de Aragón.

Fuentes: Canellas López, Angel:Papa Luna Colección "Los Aragoneses". Diputación General de Aragón. 1991. / "Pedro Martínez de Luna": http://www.geocities.com/Athens/Forum/8915/papaluna.html


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